Árbol de la vida y planos dimensionales. Dibujo propio inacabado

Desde finales del año pasado hasta ahora, hemos ido trabajando sobre las esferas del árbol de la vida. Las hemos trabajado de dos en dos. En octubre de 2025 Chesed y Geburah; en febrero de 2026 Hod y Netzad. Hasta aquí trabajamos con pares horizontales. En julio de 2026 abordamos pares verticales: Yesod y Tiferet.

En los enlaces a las presentaciones de los talleres hay algo de información sobre cada una de estas esferas del árbol de la vida. Lo cierto que en los talleres cortos no pueden abordar la profundidad de este sistema, pero permiten plantar semillas 🙂

Creo que es importante hablar un poco sobre qué es el árbol de la vida antes de continuar. El árbol de la vida es un símbolo que representa el mundo, el alma del hombre y la realización de estos dos con el Todo. Se compone de “10 sefirah y no 11”. Cada una de estas sefirah son centros de energía, que de forma similar a los chakras, vibran en diferentes frecuencias y están relacionados con diferentes niveles de consciencia y áreas dentro de la realidad manifiesta.

Coherencia emocional fue el ultimo post que publiqué, inspirado en una de las sefiroth que trabajamos en clase de yoga, Yesod. En en nivel psicologico, está relacionada con “el ego”. Cuando trabajamos con centros de energía en clase de yoga, ya sean chakras o sefirah, lo importante es empezar sintiéndolos en el cuerpo y comprender la energía de estos y que nos llevan más allá del cuerpo. Se hace meditación y algún ejercicio específico, que permiten conocer esta energía en el cuerpo y también en otros niveles mentales, emocionales, internos. Y sobre todo, aprender poco a poco que todo eso está dentro de un conjunto.

En el post “coherencia emocional”, en el que hablaba de la esferah de Yesod, señalé uno de los trabajos que hay que realizar en cada uno de estos centros de energía dimensional: no negar lo que se siente para poder aprender de ello. Es importante comprender los que ocasiona que los neguemos, generando bloqueos, congelamientos, huidas… Emocionales.

Antes de abordar la esfera de Tiferet (“el “yo” en el plano psicológico), hablemos un poco más de Yesod y su imagen mágica asociada: un bello hombre desnudo y fuerte. Me encanta lo que simboliza esta imagen: representa la fuerza y belleza de la desnudez emocional.

La vulnerabilidad es lo más protegido después del sufrimiento, y es lo que con urgencia hay que recuperar para superar al ego. No podemos evitar hacer daño ni que nos hagan, pero podemos poner medidas y tener cuidado, es parte de la responsabilidad de ser consciente. Pero no a costa de no ser uno mismo. Entender cómo el ego necesita encajar por supervivencia es una parte de las cadenas que nos atan a la naturaleza mineral, vegetal y animal. Es solo una pieza del puzzle: le falta perspectiva. La perspectiva de las sefirah superiores hay que cultivarla con trabajo interior.

Pierden todos cuando no se expresa lo que se siente. Luego siempre se puede matizar y todo puede cambiar, porque la impermanencia es implacable, pero es un inicio para sacar esa emoción y luego, en el siguiente nivel del yo-Tiferet, aprender y evolucionar. Porque no es el ego el que aprende, es una entidad superior capaz de integrar el cuaternario de la personalidad.

Así pues, expresar las emociones proporciona autoconfianza, no para las expectativas que puedas depositar en las respuestas, sino porque cuando las expresas las sientes y tomas consciencia de las mismas. Reconocer lo que sentimos, primero sin analizar… Lo básico: ¿se siente bien o mal? ¿Puedes darte cuenta de que algo se puede sentir bien pero si lo analizas demasiado se siente mal? ¿En qué parte del cuerpo lo notas? ¿Puedes darte cuenta del pensamiento automático asociado a la emoción?

El lenguaje emocional yesódico se expresa en los sueños, en las fantasías, en las impresiones, en el aura que te rodea. Durante el día acumulamos en zonas de nuestro cuerpo y mente esas emociones y pensamientos automáticos asociados. Pasan por nuestro cuerpo sin darnos cuenta, dejando su impronta en el cuerpo físico y sutil. No es necesario que pase algo muy fuerte o importante para que todo eso nos afecte. La mayoría de ese movimiento es inconsciente o lo apartamos a un lado dejándolo para después, haciéndose entonces más importante.

Cuando algo es importante, hay que identificar los patrones psico-emocionales asociados y ver cómo funcionan con nuestra personalidad, y cómo se relacionan con el resto de seres y el mundo. Mirar de frente esa emoción que has negado, de la que has huido, y zambullirte sin quedarte atrapado en ella. Es necesario profundizar, ver más allá de lo personal. Cuanto más personal más atrapa. Es necesario ver la situación y todas las personas implicadas para salir del ombligo de nuestro sufrimiento, y verlo entonces desde otras perspectivas. Esto es el proceso interno que nos ayuda a integrar las lecciones de la vida, que conforma una parte de ese “yo”.

Comprender que formamos parte de algo más grande, considerar al todo, es uno de los muchos aspectos que se deben desarrollar en el nivel de consciencia de Tiferet. Se basan en un yo narrativo que al evolucionar se individualiza porque se conoce y optimiza. Se construye a base de comprender: “tu” cuerpo, mente y personalidad egoica; “tu” dirección y acción consciente, la mente inferior y superior y la personalidad álmica; hay otro nivel y mil misterios que no podemos abarcar aquí.

Este es el punto medio de la columna central, donde cielo y tierra se transforman y equilibran. El sentido que le damos a lo efímero y la búsqueda de la verdad es lo que marcara el ritmo de los siguientes pasos en el camino de eso de ser consciente.

Texto escrito por Anna Thiferet Bohu

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