© Dibujo propio. Titulo: Las dimensiones del pensamiento

Un axioma hermético dice: “todo es mente”, pero tendemos a pensar que el pensamiento pertenece a la mente, la emoción al corazón, el instinto a las tripas y la intuición al campo más allá de lo visible. 

Realizando un ejercicio en el que analizaba la acción, los pensamientos y la emoción de una situación, comprobé que la información que contiene cada uno de estos bloques ocupa diferentes espacios, tiene un peso distinto, es más o menos consciente y llega a diferentes velocidades. Describir el hecho me ocupó tres líneas, describir los pensamientos que tuve en ese instante ocupó diez líneas y para describir las emociones necesité 30 líneas. Fue difícil separarlo todo: a veces se colaban pensamientos o emociones en los hechos. ¿Y dónde está aquí la intuición?

Es sorprendente el poder de la acción material y toda la energía expansiva que genera. Ahora entiendo eso que dicen de que “un acto vale más que mil palabras”. Acción que puede quedar atrapada en el bucle de la reacción, no por el hecho externo en sí mismo, sino por la reverberación interna que puede terminar volviendo a re-manifestarse.

Ese bucle se corta reflexionando profundamente y usando el razonamiento que te permite ordenar el caos, entender por partes y definir principios e ideales. Una vez la comprensión y el discernimiento calman toda esta actividad mental, la intuición puede llegar sin tantos filtros.

Todo esto me tocó la curiosidad y andé buscando sobre las diferentes velocidades en la mente, distinguiendo entre: 

Las emociones 

Algunas de estas reacciones emocionales son ultra-rápidas porque van directas del tálamo (reacción motriz) a la amígdala (reacción emocional) sin pasar por el córtex. Esta respuesta de nuestros cerebros más primitivos está programada para activarse por supervivencia. 

Cuando la amígdala se pone en funcionamiento inunda el cerebro entero con señales, altera la química neuronal, cambia la postura corporal y facial.

Otras reacciones emocionales son más lentas porque van del tálamo al córtex y luego a la amígdala. Estas son las que permiten analizar y razonar; las que se pueden poner en marcha para gestionar el estrés y comprender que no estás en la selva acechado por un tigre, que tienes más tiempo de reacción aunque la vida apremie.

En neurociencia se ha descubierto que la autopista que va de la emoción al pensamiento es de seis carriles, mientras que la que va del pensamiento a la emoción es de uno solo. El camino de vuelta, el del pensamiento tratando de calmar la emoción, es mucho más estrecho. Una emoción puede quedarse atrapada reverberando la información, manteniendo activa a la mente preocupada. La emoción condiciona a la memoria más de lo que la memoria lo hace con la emoción. Esta paradoja fisiológica neuronal explica por qué, cuando más emocionados estamos, menos racionales somos. 

Las emociones son más rápidas que el pensamiento consciente, pero es posible que la mente racional pueda intervenir sobre ellas. 

Dentro de este apartado vamos a incluir los sentimientos

Las emociones las tienen también otras especies, mientras que los sentimientos solo los vivimos los humanos. La emoción es una reacción primitiva y fisiológica, mientras que los sentimientos son procesos conscientes del complejo de esas emociones. 

El origen de las emociones es inconsciente, tienen una duración breve y una intensidad alta. Los sentimientos necesitan desarrollarse y tienen una duración más prolongada.

Un ejemplo sería el del miedo escénico antes de hablar en público: es una emoción —corazón acelerado, manos frías, boca seca— que ocurre antes de subir al escenario. Pero la vergüenza sentida días después al recordar un error cometido en ese discurso es un sentimiento: elaborado, consciente, persistente, alimentado por el pensamiento repetitivo.

El sentimiento no es tan rápido como la emoción porque se construye al filtrarse por la memoria y verse convertido en una experiencia subjetiva. Este proceso tarda desde varios segundos hasta minutos, y si es un sentimiento complejo puede aparecer horas después de un evento, cuando la mente consciente finalmente «entiende» lo que ocurrió emocionalmente.

Por ejemplo, acostumbrarse a la ausencia o curar una herida emocional son procesos de transformación que necesitan tiempo y la cultivación de las condiciones adecuadas para evitar bloqueos. Los sentimientos llegan lento y se transforman más lento aún, pero los cambios que crean son más duraderos porque reescriben la identidad, no solo el comportamiento.

Pensamiento inconsciente

Es aún más rápido que la emoción. El cerebro procesa una gran cantidad de datos de manera inconsciente, y mucha de esta información influye en el comportamiento y la toma de decisiones potencial antes de que la persona actúe y decida conscientemente. Tema que ha hecho cuestionarse la idea de libre albedrío, sin tener en cuenta que, si las condiciones y la situación lo permiten, la voluntad puede cambiar… Pero si nos educamos a parar antes de hablar, hacer y decidir dentro de un tiempo prudencial, antes de caer en las inercias y bucles de la mente racional.

Dentro del pensamiento inconsciente podría estar la intuición, pero…

La intuición es muchas veces confundida con el instinto porque en ambos se sabe sin saber por qué se sabe. Sin embargo, el lugar de donde procede la información es distinto. Podríamos decir que el ser humano tiene dos puntos condicionantes, lo material y lo espiritual, lo animal y el hombre desarrollado… De cada uno llegan diferentes patrones de información que necesitan ser reconciliados para poder integrarlos y realizarlos. La información del macro y el micro debe fluir, y ello requiere desarrollar una consciencia expandida.

La intuición es más lenta que el procesamiento inconsciente, pero más veloz que el pensamiento consciente. Digamos que está a la par que la velocidad de las emociones, solo que el cerebro que las pone en marcha está fuera del cuerpo físico y es necesario primero abrir canales de conexión con él, para que empiece a ser una herramienta tan efectiva como el tálamo o la amígdala. Aunque, si nos ponemos exquisitos, ninguno de estos es efectivo por rápido que sea cuando se procesa de forma inconsciente, a no ser que luego se comprenda el porqué, cosa que muchas veces no se hace… Solo funciona, y ya no nos cuestionamos qué fue lo que hizo que instinto o intuición acertaran.

Desde la neurociencia, las decisiones aparentemente instantáneas movilizan redes neuronales que integran experiencia acumulada, memoria emocional y percepción contextual a velocidades inaccesibles para la conciencia reflexiva. 

Hay teorías que dicen que la intuición son automatismos aprendidos que te hacen experto en las áreas donde se desarrollan. Estudios neurocientíficos han captado imágenes de la corteza prefrontal activada cuando se procesa deliberadamente, y de áreas relacionadas con la amígdala cuando se hace uso de la intuición. 

La intuición es una información que llega de un cerebro/mente que existe “fuera del cuerpo” y que requiere poner en marcha el motor cerebral que hay dentro.

Cuando la intuición está sesgada la mente es impura, le falta claridad. El proceso espiritual que cultiva una mente libre es otro punto a desarrollar.

Pensamiento subconsciente

También llamado “preconsciente”, aunque la perspectiva de los conscientes no parece la misma. El subconsciente nos invita a una perspectiva vertical, y el preconsciente a una horizontal.

El subconsciente es menos profundo que el inconsciente, por eso con la dirección de la atención podemos activar el pensamiento que usamos para montar en bicicleta, atar los cordones, conducir, leer, hablar un idioma nativo… Su dominio son los automatismos aprendidos que en su momento requirieron de una atención consciente y repetición. 

El subconsciente es más rápido, más eficiente y más capaz para todo lo que ya conoce porque la naturaleza de la información a la que se accede es paralela y automática. 

Mientras la conciencia sólo puede sostener un hilo de atención a la vez, el subconsciente ejecuta docenas de programas simultáneamente sin interferir entre sí. La conciencia sólo es necesaria cuando hay algo genuinamente nuevo que resolver. 

El subconsciente ejecuta programas en milisegundos, pero reescribir uno de esos programas es muy lento. Dejar de fumar, superar una adicción, cambiar un patrón de relación… El subconsciente no aprende por comprensión, requiere intención consciente, repetición seguida de un enfoque diferente para que el nuevo patrón desplace al anterior.

Pensamiento consciente

Es el único proceso que puede ser interrogado, cuestionado y modificado voluntariamente en tiempo real. Es casi instantáneo, pero el más lento de los descritos hasta ahora. Requiere atención activa porque necesita formarse como idea articulada. Se lee, escucha y se entiende en un segundo.

Cambiar un pensamiento consciente es más lento que recibirlo. El proceso de formar un nuevo camino neuronal es posible.

El pensamiento consciente requiere también de un cultivo de la atención, porque normalmente funcionamos con el piloto automático y con todas las capas interpretativas de la mente filtrando la experiencia consciente. Nos cuesta sentir lo que hacemos, y se activan patrones subconscientes justamente por esta razón. 

Pensamiento reflexivo

El pensamiento reflexivo es la capacidad de volver sobre una experiencia para reinterpretarla, evaluarla o darle nuevo significado. La velocidad de este pensamiento es la más lenta, pero es muy importante para cambiar automatismos e ideales y convertirlos en principios del bien/mal, correcto/incorrecto, opiniones elaboradas que cambian una forma de ver la identidad y el mundo. Requiere ser convocado deliberadamente, lo que puede ser motivado por una intuición, emoción o por el surgimiento de un pensamiento profundamente enterrado en el inconsciente. La reevaluación cognitiva necesita abrir nuevos caminos neuronales y activar muchas capas del pensamiento para que este proceso sea profundo… Pero produce una reinterpretación duradera que puede cambiar patrones ideales propios y ajenos, subconscientes y emocionales. 

Inicié este post recordando el axioma hermético “todo es mente”. No es el único donde se expone esta verdad, que tiene que ser correctamente entendida.

«Cuando se reconoce que no hay nada más allá de lo que es visto por la mente misma, la discriminación de ser y no-ser cesa, y por lo tanto no hay un mundo externo objeto de percepción; nada permanece sino la soledad-privacidad de la Realidad.» Lankavatara Sutra del budismo Mahayana

El primer pensamiento es “Yo soy” en su versión extendida “Yo soy el que soy”.

En la Kabbalah se explica que desde el Ein Sof, la luz divina desciende a través de diez sefirot. Todo lo que existe contiene la huella de lo infinito y cada nivel de la realidad es un reflejo del anterior. Aquí podríamos identificar una jerarquía de velocidades de la vibración del pensamiento. 

En el hinduismo la densificación del pensamiento divino se inicia con el pensamiento de Brahman proyectado en Akasha, del cual emerge el movimiento de los elementos y su combinación. El vacío (akasha en su versión budista) es la flexibilidad que hace posible el universo. Es la neuroplasticidad del universo, la capacidad de la materia gris de cambiar sobre la constante del trasfondo.

Comprender esto permite ver la unidad en la diversidad y descubrir cómo todo está conectado. 

Así pues la velocidad de pensamiento, tomando como pensamientos todas estas formas descritas, puede ser rápida, intuitiva y con carga emocional; o lenta, analítica y emocionalmente neutral. Pero también hay que tener en cuenta que las emociones a veces resuelven el problema de la parálisis por análisis, evitando un proceso interminable de deliberación.

La meditación puede aumentar el grosor de la corteza, lo que está relacionado con una mayor capacidad de autocontrol, transformación y toma de decisiones. 

Desde la espiritualidad las emociones y sentimientos están totalmente entrelazados; se nos invita a no identificarnos con todas sus expresiones, sino a observar ambas con ecuanimidad. La atención consciente crea un espacio de observación entre el estímulo y la reacción. 

«El yoga es el cese de las fluctuaciones del campo mental«. Patanjali en los Yoga Sutras

En la mente de una persona ordinaria se producen miles de vrittis (modificaciones del pensamiento), surgen y cesan continuamente creando movimiento y velocidad La práctica del yoga ralentiza la percepción lo suficiente como para observar estos eventos antes de ser arrastrado por ellos.

El patrón del Akasha, en términos budistas, es el patrón del karma. No se genera en ningún «lugar» externo, sino en la conciencia misma. El fenómeno de pratītyasamutpāda explica que emergen conjuntamente en una red interdependiente de causa y efecto. Desde esta visión existe una simultaneidad. Todo ya está en todo. El conocimiento directo —la intuición pura, la iluminación— es simplemente dejar de imaginar que hay separación.

Volviendo a la Kabbalah, se dice que el Ein Sof no tiene velocidad (ni tiempo ni espacio) porque no tiene límite.

En el Hinduismo un verso del Yajur-veda dice «lo que no se mueve es más veloz que la mente«. Y en el Dhammapada del canon budista encontramos: «los estados mentales están precedidos por la mente, liderados por la mente, creados por la mente.«

Post escrito por Anna Thiferet Bohu

Deja un comentario