
Empezaré este post recordando que no es lo mismo lo que haces y lo que crees que haces. Ciertamente, el hacer de cada persona que dedica su vida entera a algo, no es el mismo que el de otra que le dedica ratos; cierto es que lo que consigue una con su hacer no es lo mismo que consigue otra porque hay a quien le cuesta más o menos. Pero cuando decimos lo que hacemos, hay que mirar hacia dentro y hacia fuera, no buscando comparaciones, sino más bien para ir más allá de los límites de nuestra consideración.
Actualmente está de moda hacer meditación, o al menos decir que lo haces o que hacerlo tiene magníficos beneficios. Ir a retiros y hacer largas meditaciones en ellos no te da permiso para afirmar que haces meditaciones profundas, ni a juzgar qué es más o menos profundo de una práctica de meditación, ni a las personas que la dirigen aunque hagan cosas que uno considere que no son importantes.
Muchas veces la profundidad está en lo sencillo, en lo humilde, en aquello de lo que el ego huye: “el no hacer”; y no aporta experiencias visionarias increíbles que poder pregonar a los cuatro vientos. Podría añadir que una revelación es solo el dedo que señala el camino, no te da nada hecho.
Muchas personas empiezan a profundizar en esto de la espiritualidad. Atiende bien: empiezan a profundizar. Todas estas personas descubren palabras como atman (la identidad verdadera de cada ser) y a veces se precipitan afirmando que esa Verdad del Ser ya estaba en ellos. En el fondo no se equivocan, pero no están viendo la totalidad de esta verdad; de la misma forma que si no meditas todos los días no puedes decir que haces meditación profunda, porque meditación profunda no es profundizar unas veces y otras no. La selección de lo que gusta y no gusta, en psicología esotérica, proviene del ego y el cuerpo, cogiendo lo que le gusta, y rechazando lo que no.
En el Cristianismo no se niega que Cristo está en el corazón de todas las personas. Pero no todos siguen los pasos de Cristo y consiguen un corazón radiante iluminado por el espíritu. Pues en el hinduismo, ocurre algo parecido. Hay sutras que dicen: Jiva es atman; otros dicen: Atman es Brahman; y en otros textos encontramos que Brahman es con forma y sin forma.

Jiva es el ser vivo. El estar vivo es compartido por plantas, animales y humanos. Es la chispa vital que nos anima. Cuando ese ser vivo se desarrolla, podemos empezar a considerar que hemos girando nuestra atención hacia nosotros mismos y visto, que más allá de lo que nos hace únicos y maravillosos, todos somos uno. Pero este nivelazo no es tan fácil cuando no podemos perdonar, cuando no cultivamos la compasión, cuando no ayudamos al prójimo, no ponemos la otra mejilla; todo lo contrario, nos protegemos y jodemos al otro, no somos como niños… Seguimos sintiéndonos ofendidos y juzgando al otro. ¿Qué otro? Todo esto que acabo de nombrar está dentro del vivir de forma separada del Ser como unidad. En el Budismo se dice que hasta que todos no alcancemos la iluminación, esta iluminación no será total.
Así pues, el atman es una semilla, está en potencialidad en los chakras inferiores. Podríamos decir que hay un jiva-atman en cada chakra, pero no todos han alcanzado y coronado la cima. Ni podemos afirmar que tenemos lo mismo en lo que maestros y verdaderos discípulos del espíritu de todas las tradiciones están trabajando cada día.
Cuando se corona la cima, hay que quedarse ahí pero el ser humano, de poquito a poquito, cuando baja, se queda en una escala más alta de la que partió. Pero sin constancia, uno puede tirarse toda una vida, incluso varias reencarnaciones… Es cierto que el camino espiritual nos hace mejores, siempre y cuando mantengamos nuestra atención para que el autoengaño no vuelva a velar una verdad que no puede agarrarse con la manos. El vacío esencial no puede entenderse con la mente, es como intentar coger el viento.
“Cubre tu pecho con nada y cubre tu cabeza con la capucha de la no-existencia” Attar
Por eso el cultivo del corazón es tan importante, pues todo lo que no llega ahí no se transforma. Ese centro es el punto de unión de los tres chakras inferiores y los tres superiores.
Ramana Maharshi sobre el trabajo interior sobre hidraya, el corazón, dice:
“Ni siquiera susurrar ‘yo’, sino ver en uno mismo lo que es y lo que brilla en su Corazón como ‘yo’. Trascendiendo el flujo continuo de los pensamientos, la consciencia se eleva, silenciosa y espontánea, ‘yo’ en el corazón. Al instalarse allí, al permanecer quieto, el sentido del ‘yo’ en el cuerpo desaparecerá, al igual que el fuego consume el alcanfor. Los sabios y las escrituras dan fe de que esto es la liberación.”

En la figura de Shiva Nataraja el corazón es el círculo en llamas, prabhavali. Representa el vestíbulo de la conciencia y el corazón lleno de luz del hombre. Las llamas circundantes representan la manifestación del corazón del universo.
En la figura de Krishna encontramos que cuando integras una de sus primeras lecciones (ser como un niño) la carga del corazón desaparece y la pureza de la espontaneidad resplandece. Uno de los elementos con los que trabaja este avatar, tan querido de Vishnu, es su espejo llamado Arasindu. El corazón es un espejo que uno tiene que limpiar, porque ahí es donde todo se refleja.
Cuento Zen: Ama abiertamente
“Veinte monjes y una monja de nombre Eshun, practicaban meditación junto a un maestro zen. Eshun era muy bella a pesar de llevar la cabeza afeitada y vestir las sencillas ropas del monacato. Varios monjes estaban secretamente enamorados de ella. Uno de ellos le escribió un día una nota en la que declaraba su amor, insistiendo en que accediese a concertar con él un encuentro privado.
Eshun no contestó. Al día siguiente, el maestro daba una conferencia al grupo. Al acabar la disertación, Eshum se levantó y señalando con el dedo a su admirador secreto dijo:
-Si de verdad me amas tanto, ven aquí y abrázame en este momento”.
La sabiduría del corazón requiere de valientes y se manifiesta en diferentes niveles. Atreverse a amar sin miedo es uno de esos niveles, atreverse a vivir de la vocación, otro… A veces lo que se revela en ese espacio tan íntimo son verdades místicas que nos mueven a actuar en coherencia con ellas.
La consciencia de lo sagrado se revela en el corazón y transfigura.
“Detén el flujo de tus palabras
abre la ventana de tu corazón y
deja que el espíritu hable.”
Rumi
Texto Escrito por Anna Thiferet Bohu


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