Comparto este texto que hoy me recuerda facebook que publique hace ya mil años. Es de Pedro Rodea Ativarnashramî, un autor que nutrirá a los amantes del advaita y el encuentro profundo más allá del Ser.

EL CONOCERME A MI MISMO ES ABSOLUTAMENTE IMPOSIBLE

Pedro Rodea: ¿Me conoce a Mí la consciencia? La consciencia no tiene ni idea de quién soy Yo. Siempre ha habido un rechazo a identificarme con nada. Nisargadatta decía: “Usted es la consciencia universal ahora porque ya es un sadaka” y yo decía: “¡Yo que coño voy a ser la consciencia! ¿Y eso qué es?” Yo no soy el cuerpo y la mente, porque ellos no me ven, pero la consciencia tampoco. La nada tampoco me ve y el vacío tampoco me ve. Son conceptos ahí en la mente. Concepto de vacío, concepto de tal. ¿Cómo voy a ser el vacío? ¿Y eso qué es? Ya no quiero saber, me da exactamente lo mismo.
Buscador: Entonces se puede decir que tú eres lo primero de todo.
P: ¡Yo qué sé! ¡No tengo ni idea! (risas). Todo eso está visto desde un punto de vista en que hay algo que es lo primero de algo y lo más grande de todo, como dice uno que ha escrito un libro que dice: “Sin usted no hay ni Parabraman ni tal ni cual” bueno, ¿Y qué? Todo eso son conceptos. Claro, todos están deseosos de ser algo grande y duradero. Y no les saques de ahí porque no ven más allá. Uno no se puede identificar a nada, es imposible. ¿A qué me voy a identificar yo? ¿Y para qué? Yo no sé que soy ni me importa, y tampoco sé lo que es el mundo y tampoco me importa.
B: Pero sí que sabes lo que no eres.
P: No sé lo que es el mundo. Yo sé que no soy el mundo pero tampoco sé lo que es el Parabraman, tampoco soy el Parabraman, no sé qué es la consciencia yo a la consciencia la veo… yo soy consciente ahora sí, pero yo no soy ella. Ella no es consciente de Mí.
B: Alguien podría decir que eres la consciencia pero además también eres algo más que eso.
P: No tengo absolutamente nada que ver con ella. Ella no es consciente de Mí. Ella no se puede volver sobre sí misma, como la visión, no se puede volver sobre sí misma y verme.
B: ¿Por eso dicen que un ojo no se puede ver a sí mismo?
P: Claro. Ella no puede verme. La visión no me puede ver, el oído no me puede oír, el gusto no me puede saborear, el tacto no me puede sentir, la sensación no me puede sentir. No pueden, de ninguna manera. Entonces, ¿quién soy yo? Pues yo no lo sé. No tengo medios de conocerme, es imposible. El conocerme a Mí mismo es absolutamente imposible.
B: Entonces, toda la vía espiritual ¿para qué sirve?
P: Para nada. Como dice Ranjit: “Dios es un perro asfixiado porque quiere agarrar la presa y no la alcanza.” Es que no lo sé y ya no me importa nada en absoluto. Ha desaparecido ese sediento, ese buscador, esa cosa que está ahí corroyendo. Ha desaparecido y yo no tengo nada a cambio. Ahora sé menos porque ya no me explico nada ni trato de explicármelo. Me vienen cosas a la mente. Ella funciona, yo lo observo, pero ella no me ve a Mí. Ni las explicaciones me explican, ni nada de nada. ¿No lo reconoces eso también en ti?
B: Yo me voy dando poco a poco cuenta que el buscador y lo que busca pertenecen a la consciencia y que eso es Maya. Es una ilusión que siempre te enreda. En el momento que estás buscando ya estás jodido.
P: Claro. Eso es así, hasta que llega un momento en que, como muchas veces hemos hablado, de manera silenciosa, de manera que no te das cuenta, se opera un traspaso, vamos a decir esa palabra porque tampoco lo sé, y de repente te das cuenta de que lo único que existe eres Tú. Pero no sabes lo que Es. Pero tampoco te inquieta porque se trata de Ti. ¿Es vacío y lleno? Pues no, no. Imposible de identificarse a ningún concepto, imposible. No tengo ninguna necesidad de identificarme. Ni soy hombre ni mujer, ni Dios, ni cielo ni tierra, ni vacío ni lleno, ni nada ni nadie. Todo eso ya no se aplica. Con una vez que lo veas es suficiente. Vamos a decir que es, lo que siempre ha sido. Pero vamos, nada concebible. Ni grande ni pequeño, ni glorioso ni no glorioso, ni ignorante ni sabio, ni nada de nada.
B: Pero debe de ser algo muy bueno, porque todo el mundo lo pone por las nubes.
P: ¿El qué? ¿Eso? Yo dudo mucho de que esas personas que hablan así lo vean. No tengo ni idea. Lo dudo mucho. Cada vez más. Sobre todo cuando veo sus escritos. Yo hablo un poco contigo pero sin ánimo ninguno de enseñar.
B: Entonces parece como que todo se va haciendo más sutil.
P: No. Ni más sutil ni más grosero. Sigo durmiendo, sigo comiendo pero hay una dejación completa. No tengo sentimientos, no hay sentimentalidad, ha desaparecido.
B: Entonces, ¿nada te conmueve?
P: Eso es. Y las emociones igual. Han desaparecido. Lo que se llama amor también. Todo eso ha desaparecido. En una ocasión Nisargadatta lo decía: “Yo antaño tenía mucha fe, una fe inquebrantable, pero ahora no tengo fe, ni inquebrantable ni no inquebrantable. Ha desaparecido totalmente la fe, ha desaparecido totalmente el amor, ha desaparecido totalmente todo. Yo era un toro pero ahora ha desaparecido todo.” Con la consciencia puedes entender quien eres, pero la consciencia no es senciente, no es un ser. No te está manejando de ninguna manera. A Ti es imposible manejarte vamos. Ni la consciencia ni nada. Pero vamos Tú no eres ni más grande que el mundo ni más pequeño.
Ramana Maharshi tenía un ejemplo muy simple, decía: “Había un paisano que pasaba todos los días por la misma calle en la que había la casa de un rico. Y en la casa del rico había dos perros a la puerta totalmente feroces. Daban tanto miedo que él estaba asustado. Lo único que los perros no ladraban, pero vamos, estaban dispuestos a lanzarse. Entonces un amigo que pasaba por allí le dijo: “No pasa nada hombre, ¡vamos ven conmigo!, vamos a acercarnos. ¡No, no, me da muchísimo miedo!” Al final el amigo le convenció para acercarse a los perros y cuando los tocó pego un brinco y dijo: “¡Ay va, pero si son de piedra!” Y le desapareció todo el miedo. Pues es igual esto del mundo y del Sí mismo. El Sí mismo es la piedra y el mundo es la apariencia de perro. Entonces la apariencia como apariencia es real. Las gentes las ven y se asustan.
B: En un libro que estaba leyendo ponía algo similar: “Nada existe pero aparenta existir.”
P: La apariencia, como apariencia, es visible. Pero como hecho es piedra, es decir, tú puedes estar asustado por la apariencia pero su única substancia es piedra. En otras ocasiones decía: “La apariencia del mundo es como el nácar en las conchas de las ostras. Es una película infinitesimalmente pequeña pero debajo sólo hay cal. Como apariencia es nácar pero es cal.”
B: Entonces, ¿cómo ves tú el mundo?
P: ¿Cómo le veo? Pues nada, le veo como un sueño. Un sueño completo. Alguien que se llama Pedrete está soñando que ve un mundo alrededor pero todo está ahí como un sueño. Cuando tengo un sueño por la noche ya no sé ni dónde ha ocurrido, ni en qué país ni en que galaxia ni nada de nada. Era una de las meditaciones que me venía antaño, lo recuerdo perfectamente, decía: “Bueno, y yo cuando me duermo, ¿me duermo en mi cama? ¿Me duermo en mi habitación, en mi casa, en mi pueblo, en mi país, en la tierra, en la galaxia? ¿Dónde me duermo yo? ¿En dónde me duermo yo? ¿Dónde está ese dónde? ¿Y dónde está ese cuándo, cuando estás dormido?” No hay referencia ninguna.
Muchos hablan de la consciencia pero, ¿la consciencia me ve a Mí? El Parabraman. Si usted es el Parabraman, ¿el Parabraman me ve? Usted es la Realidad, muy bien. ¿Pero la Realidad me ve? ¿Me veo yo a mí mismo? No. Es una imposibilidad total. Eso de verse a uno mismo de realizarse a uno mismo es una imposibilidad total.
B: Si alguien dijera que se ve a sí mismo sería una experiencia más, ¿no?
P: Claro. “Yo sé quien soy”. Pues no, no lo sé. Sé que no soy nada de lo que se supone que soy, porque todo está siendo visto, pero yo no. No tengo ni idea de quien soy. Hay un rechazo interior total a cualquier sobreimposición de ese orden, pero lo ha habido aunque no hablara de ello, lo ha habido siempre. Yo siempre veía muy raro cuando decía Nisargadatta Maharaj: “Usted es un sadaka ahora, un aspirante adelantado. Usted ya no es el cuerpo. Usted ahora es la consciencia.” Y no me decía: “Pero, ¿alguna vez he sido el cuerpo? ¿Sabe el cuerpo algo de Mí? ¿Me habla? El cuerpo no me habla ¿Me habla la mente? ¡Qué va! ¿Me ve la mente? No, qué va.” Eso lo puedes hacer con un experimento de Douglas Harding. Tú ponte en el espejo, ponte delante de un espejo. Miras ahí y dices: “¿Qué hay ahí en esta parte del espejo (señalando hacia atrás, hacia uno mismo)? Aquí no hay nadie. Ahora, ese que hay ahí en el espejo, ¿me ve?
B: Ahora veo en el espejo esa cara sí.
P: Esa cara, ¿te ve ahora a Ti?
B: No. Hay algo aquí que ve esa cara.
P: Tú la estás viendo a esa cara.
B: Algo la ve, digo yo.
P: Tú estás viendo a esa cara y estás viendo que en tu lado no hay nada. Y ahora yo te digo: “Los ojos de esa cara, ¿te están viendo a Ti?” ¿Están viendo esa Nada que Tú eres?
B: No. Claro que no.
P: Pues eso es.
B: Hay unos ojos allí, en el espejo, pero no ven lo que hay aquí, no. Hay algo aquí, en este lado que ve esos ojos allí en el espejo.
P: Al revés no funciona.
B: No.
P: La consciencia es una cosa que está siendo vista, está siendo sentida.
B: ¿Y eso es lo que decía Nisargadatta en sus libros cuando decía que usted es el conocedor?
P: El conocedor no te conoce.
B: Aunque a veces Nisargadatta se contradice, a veces dice: “Usted es el conocedor” y otras veces dice: “Usted no es el conocedor”.
P: Claro. El conocedor no te conoce. Conoce las cosas pero a Ti no. El conocedor es una apariencia. Aparece.
B: Te refieres a lo que hay aquí detrás en el espejo.
P: Claro.
B: Entonces, el conocedor también es una apariencia.
P: Claro.
B: Yo no llego a tanto. Puedo entender que hay un conocedor aquí mirando ahí esos ojos en el espejo, pero ir más allá de eso ya no sé. Más allá del conocedor ya no sé.
P: Tampoco te ve tu chica. Ella ve la apariencia pero a lo que la ve ella no la ve. Esos ojos que me están mirando en el espejo ¿Me están viendo?
B: No.
P: La visión no te ve a Ti.
B: Pero más atrás de la visión…ahí ya no llego Pedro.
P: Ni falta que te hace, ni vas a llegar nunca. ¿Quién va llegar? Tú quién crees que eres, ¿alguien que está moviéndose? Tú no vas a llegar nunca. Si tú no te has movido jamás de ahí, ¿cómo vas a llegar si no has salido nunca? (risas) ¿Si no has nacido nunca cómo vas a morir? Yo no tengo experiencia ninguna de haber nacido así que cómo voy a tener la experiencia de la muerte. Eso no es posible. Es imposible totalmente. Puedo tener, en todo caso, la experiencia del miedo de morirme ¿pero la experiencia de la muerte? Eso es imposible. Absolutamente imposible. No hay experiencia en morirse.
B: Pedro, volviendo a lo de antes, al experimento con el espejo, sí que es cierto que esos ojos no me conocen, que hay “algo invisible aquí” que está conociendo todo.
P: Pues esa visión, que está viendo a ese del espejo, esa visión no te ve a Ti.
B: Tampoco.
P: No.
P: Estaba yo un día aquí sentado, con lo de Harding, y si me dio un calambrazo de esos… me estaba imaginando una cámara ahí, delante de mí, que me iba a hacer un retrato. Ahora esta cámara me va a retratar. ¿Qué va a retratar de Esto que hay Aquí? Entonces me dio un sobresalto. ¿Qué va a retratar? Nada. Porque no hay nada.
Pues igual, esos ojos que hay en el espejo no te ven. No porque sean de espejo. Son tan reales como los tuyos, son los únicos que has visto (risas). Y sin embargo ellos no te ven. Y eso que los están viendo tampoco.
B: Entonces con este experimento se podría decir que solo hay Uno que conoce el mundo, esta abertura Única es la única conocedora del mundo.
P: Efectivamente solo hay Uno.
B: Y ese Uno tampoco eres tú.
P: No.
B: Entonces, ¿qué soy yo?
P: Tú lo que quieres es agarrarte a una identidad como sea. Yo lo puedo entender. Todas esas preguntas vienen de eso. Como los animales que les llevan al degolladero, en cuanto huelen que se les va a sacrificar se agarran con todas sus fuerzas para evitar que les degollen.
B: Pero para el que busca sí que es como un degolladero, es como que vas a perder tu identidad.
P: Sí, sí claro, por supuesto. Si eso realmente le acontece pues la perderá. Sino será un buscador toda su vida o un iluso que cree que ha entendido algo.
B: Pero el buscador no quiere perderse a sí mismo.
P: No, no ni muchísimo menos.
B: Es una cosa seria porque da miedo a veces, perderse a sí mismo.
P: A la consciencia, al ego, le da miedo. A la identidad falsa le da miedo por supuesto. Porque sabe que va a desaparecer que va a morir. Aquí nadie nace ni muere. Eso no existe.
B: Pero la paradoja aquí, es que al buscador le da miedo perder su identidad pero al mismo tiempo la delicia está en no tenerla, ¿no?
P: Sí, sí, por supuesto. La delicia… tampoco es una delicia, es decir es paz, paz, paz total, felicidad total.
B: Entonces mi reflejo en el espejo no me conoce.
P: Sí, sí. Eso es más misterioso de lo que parece.
B: Yo puedo ver que yo soy esta abertura que conoce todo el universo, pero cuando me dices que tampoco yo soy eso ya me chafas.
P: Tampoco eres eso. Ese conocedor no te conoce. Simplemente porque Tú eres incognoscible, nada más. Lo eres, fíjate tú por dónde. Incognoscible incluso para Ti mismo. No puedes sacar la visión fuera y verte desde fuera, como hacía Harding. Consciencia significa ‘con conocimiento’. No significa que la consciencia sea una identidad. La consciencia es algo que se siente. Alguien dice que está arrepentido, se ha dado cuenta. Es la consciencia, le ha servido de herramienta y se ha visto ahí en el espejo, se ha visto feo y ha dicho: “Ay qué horrible todo lo que hago” La consciencia es una suerte de espejo que te sirve para ver lo que ahí. Pero cuando ya no hay nada, pues la consciencia no refleja nada. No te ve. Ella no te conoce.
B: ¿Y por qué mucha gente parece que se queda atascada ahí, en esa consciencia?
P: Nadie se queda ahí. En el momento que viene la muerte se acabó y ya está. Nadie se queda ahí porque no hay nadie realmente.

Deja un comentario