¿Por qué ser el malo de la película? Porque ser el bueno es lo que todo ego piensa que es o espera ser, ¡todos queremos eso! No deseamos perder, ni mucho menos ser odiados. Y si este retorcido ego piensa en negativo es porque, la mayoría de las veces, se siente una víctima y aunque pierda, indirectamente, sigue siendo bueno.

Los diferentes papeles del actor
Cuando estudié el avatar de Krishna me llamaron la atención varias situaciones sobre su papel en algunos puntos de su historia. Para explicaros el primero debo poneros un poco en contexto. Krishna vivía en el campo de forma sencilla con sus supuestos padres, porque su familia real, por miedo a que lo matara su codicioso tío, lo había dejado ahí. Él era un joven guapo y feliz, algo travieso y simpático, súper amado por todos. Cuando le fueron a buscar y descubrió su verdadera procedencia, tuvo que enfrentar a su tío y matarlo. Si, un avatar del Dios Vishnu estaba manchándose sus manos de sangre (cuestión a la que también se enfrenta el guerrero Arjuna, al cual se le aparece revelándole la Bagavad Guita). El otro punto cruel de la historia es que, dada su condición de realeza, se tiene que casar con una reina aunque tenia novia a la que amaba… ¡Vaya por Dios! Es desgarrador leer el anhelo que sentía su amante por causa de sus largas ausencias, toda una enseñanza que no cabe en este post. Pero bueno, a pesar de eso, la convirtió en su concubina; quizá porque era un Dios y la norma de la continencia la compensó con la de la veracidad, o quizá porque como avatar tenia un buen karma o porque que su nivelazo de consciencia le permitía estas libertades.
Esta historia sirve para introducir el tema y ver los diferentes papeles que se tienen que encarnar y los niveles en los que podemos experimentarlos.
Lo conocido
Es lo constituido por las experiencias que nos definen, lo innato de la personalidad y lo adquirido. También nuestros espacios seguros, esos que tanto cuesta romper o dejar atrás; esos mismo espacios que son llenados de anhelo cuando no se han vivido como el vecino, con el que uno se tiende a comparar. Lo conocido es protegido y valorado, es nuestro espacio familiar. Es muy importante para el ser humano disfrutar de esa estabilidad.
Lo que somos y lo que creemos ser
Nuestra personalidad, aquella máscara que se pone el ego y con la que termina identificándose, tiene una parte innata y otra aprendida. Parece inamovible, pero lo cierto es que no lo es tanto cuando la manejas con más perspectiva. Las experiencias de la vida también influyen sobre nuestros ideales y valores. Todo esto conforma las diferentes máscaras con los que se disfraza el ego sin dueño.
La víctima
Todo esto pone en funcionamiento el karma bueno y malo. La maquinaria del universo te va cambiando de lugar, a veces para ser el bueno, otras para hacer de malvado. La mayoría de la veces todo eso no cala, pero hay experiencias que nos llegan muy profundo porque nos cambian, marcando un antes y un después. Lo que uno vive como traumático le marca, le condiciona y lo pone a prueba. Cargamos con esa cruz, con la herida que puede que a veces toquen, y nos haga llorar, y otras nos haga más duros…
El aprendizaje del dolor cambia los ideales y valores que puede que tengamos o que queramos tener. Cambia cómo nos relacionamos y cómo nos abrimos a las experiencias. Recibimos grandes enseñanzas a través del dolor y el sufrimiento, tan grandes que a veces ni pueden ser cuestionadas hasta que uno está maduro.
Ponerse en el lugar del otro
La vida es muy bromista. A veces algo tan, tan importante que marcó decisiones en momentos cruciales, te invita por las buenas a reconciliarte y perdonar, poniéndote en el lugar del malo y así entendiendo a la otra parte. Otras, incluso te hace ser el malo, queriendo o sin querer. O simplemente, hay que entender que para alguien somos el malo. Si este cambio de papeles no lo haces por las buenas, llegará por las malas para templarte. Este punto kármico ante la toma de decisiones o juicios emitidos puede ser paradójico y conflictivo internamente.
El puntito espiritual, y ya termino 🙂
El poder cambiar de papel y de función te lo da subir más arriba del ego. La consciencia ampliada del teatro/escenario de la existencia te permite ver por encima del actor, el director, el espectador… En este punto volvemos a Krishna, para puntualizar que una vez Él sabe la verdad de su identidad real sigue jugando, hace lo que sea que tenga que hacer, bueno o malo, con una sonrisa en su rostro.
Escrito por Ana Thiferet BoHu
Nota: El avatar de Krishna es otro post que escribí hace tiempo 🙂 Comparto un extracto de dicho post: “…La sonrisa de Krishna… Yo sonreía todo el rato, como Krishna. Durante toda la ceremonia quise trascender la dualidad, pero solo me encontraba con ella. Esa es “la broma cósmica”, la trascendencia es como un juego al escondite. Un juego en el que buscas lo que está más allá, pero ves la imposibilidad de alcanzarlo con las limitaciones humanas. Mi sonrisa era también la sonrisa de Buda. Era Krishna en mi búsqueda de trascendencia, buscando lo inalcanzable y riendo. Solo es alcanzable en el aspecto de eternidad-mantenimiento. La eternidad sostiene los ciclos. Me gustó mucho esa sonrisa, esa risa. Hay un momento en el camino a la perfección en el que la lección final es “¿a que no la has podido alcanzar?”, y una risa posterior de “no pasa nada”. Sentí que la flauta de Krishna era la voz que nos guía hacia el yo soy; era la llamada. …“


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