
Observa tus hábitos e impulsos, cómo caminas, piensas y sientes, hablas, gesticulas, actúas, ríes. Observa a tus emociones que actúan sin control, tus estados de ánimo. Observa tu miedos, evasiones, contradicciones, justificaciones, tu alegría, tu deseo, tu placer y dolor. Observa lo que amas. Observa cómo te comportas cuando te insultan o elogian.
Observa las mil y una formas que tienes de mantener, ante ti y los demás, la falsa imagen que has fabricado de ti mismo. Obsérvate cambiando continuamente. ¿Crees que te conoces?
Observa a tu cuerpo, el lugar donde estas, las personas, animales y objetos que están en tu vida… ¿Qué sabes de todos ellos? Observa al mundo, los días, las noches, las estaciones, el clima, la humanidad, las relaciones.
De esta observación obtendrás un conocimiento mucho más profundo, veraz y valioso de lo que te rodea y de ti mism@.
La autoobservación se tiene que hacer compasiva y progresivamente. Reconociendo patrones físicos, energéticos, mentales y emocionales, de la personalidad, del alma y el karma, ideales, del Dharma y espíritu.
La autobservación es una parte de este trabajo interno que requiere sinceridad y paciencia. La mente juega a velar con el juicio cualquier intuición espontánea. La experiencia tiene que integrarse, hay respuestas que llegan con los años, niveles de sabiduría que iluminarán lo que está oculto, pruebas de todo tipo, cambios en ti y en todo.
El trabajo interior es una herramienta para desarrollar la mente consciente, es un proceso continuo que requiere de una autobservación constante para comprender lo que piensas y como piensas. Descubrir qué piensas de ti y del mundo ayuda a conocerte y definirte en cuerpo, alma y espíritu. Pero se puede ir más allá, la consciencia es infinita.
El trabajo interior nace con la búsqueda del hombre que se cuestiona, se desarrolla y descubre cavando cada vez más profundo. La autoobservación puede ir sutilizándose y trascendiendo lo personal.
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ThiferetAn


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